miércoles, 13 de abril de 2011

LAS BAJAS COLATERALES DE LA GUERRA DE UN CRIMINAL, QUE ES PRESIDENTE DE MÉXICO…


Un día antes, su hermana lloraba inconsolable. No te vayas! Le decía. El argumentaba: no pasa nada, tengo que volver a los Estados Unidos. Necesito hacer una casa para mis hijas. Aquí pagan muy poco, no alcanza ni para comer. 
Ella no dejaba de llorar, mientras él, descosía la pretina de su pantalón y metía en ella el dinero para su viaje. La volvió  a coser. Mientras aseguraba que todo iba a estar bien. Tantas veces había estado en el norte, que un viaje mas no le generaba ningún sentimiento o presentimiento adverso.
Mira, hazme caso, mal que bien la vamos pasando, seguía diciéndole ella. Mañana me voy, mis hijas necesitan donde vivir, contesto el de nuevo. Se había divorciado años atrás en Chicago. Había cometido algunos errores que rompieron la relación con la madre de sus hijas.
Su “mama”, como la llamaban él y ella, permanecía en silencio escuchando la conversación de sus hijos y siguiendo con atención lo que su hijo experimentado migrante hacia para preservar su dinero a salvo de los maleantes, durante el viaje.
Al día siguiente, como estaba  planeado, abordo su autobús rumbo a la frontera. Antes, su “mama“, le echo la bendición. Su hermana volvió a llorar, impotente ante la decisión de su hermano. Pero obstinada le dijo por última vez, Efraín no te vayas. Todo va a estar bien Dalila, no va a pasar nada, respondió él.
Ese mismo día al pasar por San Fernando, Tamaulipas, en un reten, los bajan del autobús a él, su sobrino y un amigo. Al amigo le robaron su dinero y lo dejaron libre. De Efraín y su primo, nada se sabe. Dalila y su “mama” esperan lo peor. Efraín puede ser uno de los 120 asesinados. La PGR está contenta, la mayoría,  se presume que son mexicanos. Menos mal que no fueron centroamericanos otra vez, lo manifiestan con cinismo.
Habían asesinado 72 centroamericanos y no se hizo justicia. Los asesinos siguieron libres y los muertos eran simplemente “bajas colaterales”.  Y como bajas de esta guerra del narco, no se investiga nada y no se persigue a nadie. Todos son narcos,  se asume.
Ahora las hijas de Efraín posiblemente ya no tendrán casa, ni padre tampoco. Dalila tenía razón muy posiblemente. Sigue llorando. Su “mama” sigue en silencio: no lo detuvo al irse. Ahora,  en ese mismo silencio y sin derramar una sola lágrima, al igual que cuando se marcho, lo espera de regreso. Sufre en silencio
Esa es la guerra estúpida de Calderón…las niñas no lo entienden todavía, es cierto, pero tal vez lo entiendan.

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